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PRÓLOGO

Hace más de seis meses comencé a redactar lo que no me animaba a llamar una novela. La razón es la misma por la que esquivo denominarme escritor: pudor. Pudor e ignorancia sobre el acabose de ambas definiciones. No era la primera vez que intentaba escribir una obra de cierta extensión, pero a diferencia de mis incursiones anteriores —todas ellas abandonadas por el esfuerzo espiritual y mental que me demandaban, en tiempos en que otras actividades me lo exprimían— opté por hacerlo más “sencillo”: dejar de freírme el bocho intentando darle vida a personajes por entero irreales para anclarlos conscientemente en personas de carne y hueso; abandonar la preocupación por una progresión verosímil en pos del caos que me impusieran los recuerdos, la nostalgia y las ganas de irme a dormir; hacer a un lado la obstinada pretensión estética de escribir como nadie para hacerlo, de manera más noble, como todo el mundo, lo mejor posible. El resulto comenzó a ser Mi mamá no me quiere, la tragicómica historia de Víctor Francioti.
   Hace menos de seis meses, conseguí un laburo de tiempo completo. No dejé por ello de escribir, pero rara vez regreso a casa con el ánimo que requiere internarme en el centenar de páginas que ya lleva este texto. Sólo quiero escribir, y escribo historias cortas, historias que puedo ver completas en unas horas.
  Hoy, hace aproximadamente una hora, sobre el tren que me trae a casa del laburo, decidí comenzar a publicar el texto Mi mamá no me quiere en este blog. Creo que es la única manera de obligarme a continuarlo y darle fin. También creo que cobrará más sentido y será para mí más divertido hacerlo. Sería un “pequeño polvo intelectual”, como decía un maestro, que a vos también te divierta.
  A continuación, la primera parte de Mi mamá no me quiere.


» CAPÍTULO UNO «

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