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Máquina de escribir vs. Computadora: una comparación antojadiza

Hace un mes, mi querida hermana me regaló una máquina de escribir, una Remington negra y enorme. Un monstruo por cuyas hendiduras pueden verse engranajes y brazos metálicos con puntas de alfabeto, capaz de darle vida a su propia némesis de tinta negra y a cualquier otra criatura que se le vuelque desde la imaginación y el poder. Escribir en ella es un acto de violencia: las teclas, redondeadas como las yemas de los dedos, deben ser sometidas a una presión mayúscula para que las letras queden impresas en la hoja. Me recuerda a cuando tocaba la batería, a mis dulces 18: la creación y la descarga física transpirando a la par, a lo Rocky, que boxeando nos dejó tantas películas, de las buenas y de las malas. Se me hace que escribir antes de la aparición de la computadora debió ser literal y literariamente una tarea más agotadora que ahora, inclusive más antes de los teclados, cuando se usaban bolígrafos, lápices, carbones o piedras.
  No conozco a nadie que escriba cotidianamente a máquina, a nadie con los bíceps de acero por transcribir tecleando con nervio las obras completas de Faulkner. Los que tienen una, la conservan como una pieza de la fragmentada arqueología de sus poses, mientras desgastan con delicadeza el Ctrl de sus notebooks. Hay quienes atesoran una porque perteneció a algún pariente querido, valga la salvedad, pero tampoco la usan. Claro, la máquina de escribir no es sólo más agotadora que los teclados de las computadoras: no se pueden visitar redes sociales, mirar videos ni descargar canciones con una máquina de escribir. Lo único que se puede hacer con una máquina de escribir es escribir, carajo. Lo único que se puede hacer con ella es escribir “carajo” y otras barbaridades. A lo sumo se puede habilitar su uso como pesas, si te toca una Annie Wilkes. No obstante, es romántico (¿es hipster?) tener y exhibir una máquina de escribir: tiene olor a tinta y a aceite, no tiene cables, su ruido grita: “Cuidado, estoy escribiendo algo insoportablemente fabuloso”.
  Para la parte crédula de los que gustamos de las buenas historias, de las letras, de sus combinaciones melindrosas y hasta gastronómicas, representa el origen del texto. O al menos el más cercano. Es lo que un parto al origen del hombre. Cuando vemos una máquina de escribir lucirse en la estantería de una habitación, sentimos que su dueño tiene no un aparato anacrónico sino la tecnología personal sofisticada más antigua de la ingeniería histórica de los textos, una Gutenberg en casa, el aparato fundacional del hágalo usted mismo de los géneros narrativos, aunque nada de esto sea cierto. Creemos que el mastodonte decorativo se leerá como una vinculación más aceitada con las letras que los que no tienen una. Esa persona sabe porque tiene. Ocurre lo mismo con los libros.
  Escribir en una computadora es una de las tantas cosas que se pueden hacer con ella. No es una máquina para escribir. Es una máquina para hacer otras varias cosas. Muchísimas personas tienen computadoras y no escriben; muchísimos de los que tienen máquinas de escribir tampoco, pero verla en ese estante da la idea de que alguna vez lo hicieron, ellos o sus antepasados, que su historia está secretamente empapada por las historias. La computadora no produce ni la sombra de esto. Una máquina de escribir en el escritorio de un adolescente no es lo mismo que una computadora en ese mismo lugar. El vacío del escritorio sería aún más críptico, al menos si se tratase de un adolescente económicamente apto para tener su propio barco 2.0. Una computadora en el escritorio de un adolescente es, prejuicio mediante, Counter Strike, Porn Tube, Taringa! y Facebook. Y otras cosas más, entre las que puede estar el Word como plataforma de escritura. Una máquina de escribir es sine qua non una máquina para escribir. 
  Lo choto de todo esto es que la computadora se queda sin romance. ¡De esa manera, un escritor en una notebook no puede escribir otra cosa que El combustible espiritual! Cuando vivía con mi madre y ella me encontraba frente a la computadora escribiendo un artículo periodístico, me acusaba de pavear, porque en mi herramienta de trabajo ella veía un elemento de ocio. ¿Y si hubiera estado escribiendo la mejor novela de la historia? Imposible en una computadora. Es como pretender escribir una rima en un mensaje de texto o elaborar un plato sabroso usando únicamente la minipimer: la tecnología no garpa para romances. No es que sea un valor intrínseco a ella, más bien se debe a su actualidad y constante cambio, porque los viejos disquetes sí se recuerdan ya con nostalgia. Lo mismo sucede con los viejos videojuegos. 
  ¿Deberíamos entonces dejar de adorar a los tótems de papel higiénico para regocijarnos en el bidet putrefacto del progreso? ¡Ay, qué encrucijada! Que el pecado me abulte el debe, disfruto mucho mi notebook. Es un modelo viejo de Lenovo, algo ladrillo en comparación con los finísimos ejemplares modernos, pero no tanto como para evitar que la lleve a la cama cuando me pinta ver una película acostado. Puedo pasarme todo un día frente a la computadora y divertirme a lo grande, un poco leyendo, otro poco mirando una serie, otro tanto escribiendo estas idioteces, algo más hurgando redes sociales y páginas de chimentos. Hasta sin Internet la pasaría bien. Jamás de los jamases podría estar de sol a sol frente a una máquina de escribir. Y no hablemos de colocarla sobre mi pubis para escribir en la cama, al menos no el mamut que me regaló mi hermana. 
  No tengo dudas de que cuando los científicos inescrupulosos inventen la tecnología sustituta de las notebooks tendremos en nuestros anaqueles sus esqueletos inútiles. Y sólo entonces le buscaremos una rima elegante a “CPU de bajo consumo” para los poemas rosa que les compondremos. De la misma forma, los hombres del futuro tendrán en sus museos nuestros esqueletos. Dirán al verlos: “¡Y pensar que teníamos manos!” Y otro responderá: “Las perdimos cuando los teclados cedieron paso”. Es un cuento que, temeroso, pienso escribir en mi Remington.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Genial!

Anónimo dijo...

jajjajaajjja no me sirvió de nada

FyA dijo...

JAJAJJAA MMMM CHIDISIMOOOO ME SIRVIO DEMACIADO XD

Anónimo dijo...

quiero mamar huevo

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