“Si algun día es presidente, tenemos que matarlo.” Las risas del porro frenaron: Fran lo decía en serio. “No la que hacen todos; esa de cagar a tiros a la gente no me gusta. Vamos con un plan. Tenemos que pensar en infiltrarnos de alguna manera en alguno de los círculos de su confianza. Como tiene todo tercerizado, no sería difícil. Sé que matar va en contra de mis principios, pero, Víctor, entendé, no podría vivir con tanta tristeza. Nunca milité ni hice un carajo por estas convicciones que me fui creando a partir de la vida misma. Por eso le debo esto a los que lo sufrirían, a los que ese hijo de puta multiplicaría mientras toma champagne con sus amigotes ricos, esa manga de forros que dan asco. Los marginados serán, seremos más. No puedo... No hay que permitirlo. Porque para mí el tipo es la dictadura, ¿entendés? No, sé cuál es la diferencia entre dictadura y democracia, pero para mí si este tipo es elegido, no habría diferencia. Yo le grito ‘nunca más’ al neoliberalismo, que es otra dictadura. ¿No tuvimos bastante con ese otro, la puta madre? Yo lo mato, Víctor, y que me caguen a tiros ahí mismo, no me importa. Lo mato por la tristeza profunda. Por los seres humanos, lo mato.”
“¿Que quién soy yo para decidir lo que es mejor para la humanidad? No soy nadie. Pero a la vez, la voz de la historia. De una historia. Ya sé, Victor, ya sé, no me mires así, boludo. Caigo en lo mismo que me repugna. Pero, sabés, la diferencia es notoria en un sentido: yo lo haría por los otros, por el bien común, al menos por lo que fervientemente creo que es el bien de todos, no de unos pocos; contra mí incluso, por el bien. Ellos lo hacen por su propio culo, ¿entendés? La pena de muerte es para resolver los problemas que crea que ellos se queden con toda la torta. La represión, lo mismo. Yo lo haría por la libertad. Yo me inmolaría para matar a ese hijo de puta…” Fran comenzó a llorar. “Disculpá, ya sé, ya sé. Me pone triste, hablo en caliente, lo sé, pero es que no puedo creer que... No puede ser que... Es imposible esto, che. Son demasiadas cosas. Es demasiado lo que hay que hacer. No podemos dar marcha atrás. Y lo van a votar, lo van a votar. Eso es lo que me produce esta tristeza. Eso es lo que me hace llorar, boludo. Es el vacío que me provoca que mis hermanos y mis hermanas, mi sangre, estén imposibilitados por culpa de esos hijos de puta de ver que están por votar al mismísimo diablo. Me hace llorar la ceguera que nos produjeron durante tantos años con un hierro candente. Me hace llorar la impotencia. Pero no más, Víctor. Basta de impotencia. Si algún día es presidente, tenemos que matarlo.”
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