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La verdad sobre los Power Rangers

Hace diez años, los Power Rangers eran de lo más visto por los niños en la televisión por cable. Me refiero a los primeros: allí estaban esos súper guerreros vestidos con calzas de colores que manejaban enormes "zords" con forma de animales prehistóricos. Ellos eran Jason (rojo), Zack (negro), Kimberly (rosa), Billy (azul) y Trini (amarillo). Y la mala se llamaba Rita Repulsa, una bruja moderna accidentalmente liberada por unos astronautas incrédulos.
  Mucho tiempo después, un amigo nerd me contó cómo surgió la serie Mighty Morphin Power Rangers. Un productor estadounidense dio con ella en Japón, donde a comienzos de los '90 ya era un hitazo. Compró los derechos. Luego, contrató a varios actores norteamericanos y le puso un nombre norteamericano a la serie. De la original, sólo quedaron las escenas de peleas entre robots y monstruos de Rita.
  Cuando los 155 episodios de la serie que este productor gringo había comprado se acabaron, él fue por más. Así se hizo de los derechos de otra serie de características similares (cinco héroes enfundados en calzas con sendos robots enormes) y volvió a contratar a actores norteamericanos y a ponerle a la serie un nombre norteamericano. En Japón, las series sobre paladines disfrazados que luchan contra nuevos Godzilla es un formato muy explotado, por lo que no fue difícil hacer lo mismo unas cuantas veces.
  Los Power Rangers que nosotros conocemos no existen en el país que creemos su origen. Sí en Estados Unidos. Es decir, además de una estrategia de comercialización y pseudo tercerización, los Power Rangers son un ejemplo de los tantos casos de sincretismo televisivo.

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