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Favourite Worst Nightmare

El oxímoron es una panacea, cura y adicción. Seres que luchan en un río revuelto, que succiona y brinda un aire necesario para volver bajo el agua y sufrir sin morir, como cuando las pesadillas se asemejan al placer, y no querés, no querés que eso suceda, pero sucede y los ojos no se abren. Sin embargo, la angustia es humana y humano el deleite de tenerla, contrastarla por lo menos una vez con la violencia de lo efímero. ¿Ejercicio del sentir o del pensar? Muchas veces los confundo. Entonces, ¿qué importa si guardo o no el boleto del colectivo? ¿Prueba que viajé, que recorrí, que salí de casa, que estuve a la intemperie, que corrí todos los riesgos? (Sería una locura pretender que analicen lo que digo sin pensar en otras cuestiones lejanas a las que en realidad considero mientras escribo. Y me niego rotundamente a contar: es secreto, un secreto que tengo conmigo, con mi otro yo, que sos vos y todo el mundo, que me dice: “No, Facundo, no podés pensar así, te hacés malasangre al pedo”, y me hago malasangre-al-pedo al pedo, porque yo me avisé, o vos. Hablo de monstruos que no puedo vencer porque amo.) Tengo ganas de salir de mí un rato. No es que me odie, no es que me sienta un extranjero en mi habitación de carne y hueso. Tan sólo quiero que me miren sin mirarme, y no como cuando uno levanta la vista en la vereda y mete los dedos en una mirada de humo. No. Quiero que me conozcan conociendo a otro, que conozcan a otro y yo esté ahí, detrás de esos otros ojos, para ver entonces qué se siente verdaderamente ser yo, qué se siente conocerme desde afuera, qué ven de mí, qué puedo ver de mí siendo yo mientras soy otro, un espía en el placard. A consideración de mi otro, viéndome ser --aquí sin conciencia alguna, actuando mecánicamente, prototípicamente--, entenderé por qué me piden algunas respuestas. Y por qué no me hacen otras preguntas.

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