Camino con los auriculares puestos, no recuerdo qué escucho, no le presto atención del todo, miro el paisaje, eso que llaman paisaje, pero es basura en el cordón y pibes pidiendo monedas en el mostrador de la ventanilla de la estación de trenes, dejo la mitad de mis monedas y guardo la otra mitad, porque no se consiguen con facilidad, después le tengo que pedir a mi madre y ella se disgusta, tiene que viajar todos los días a la escuela, donde hace doble turno, su vida es un doble turno, nuestras vidas, y no dejo las monedas porque sienta culpa, es otra cosa lo que siento, porque no me considero culpable de lo que llaman el paisaje, pero en cierta medida sí responsable, y no sé si eso está bien o mal, si soy más o menos consciente de algo, siento que voy a tientas, que algunas convicciones las tengo tan claras que podría manifestarlas de mil formas, pero tengo tantas dudas que no sé, no sé qué hacer con ellas, que de a ratos se me aparecen más inteligibles, pero luego ¡zaz! y las he perdido nuevamente de vista, es que hay cosas que le hacen a uno un hueco en el pecho, como le decía a una amiga sobre cierto libro o tal película, y me conmueven las tripas, desde el corazón al intestino delgado, quisiera otro mundo, un mundo mejor, y el puto control remoto no tiene esa opción en un botón, basta de buscar ahí, tampoco hay una página en Internet que explique qué hacer, y encima uno está entre hacer y ¿sacrificar? toda esa mierda que tan metida tiene por imposición social o no hacer y rendir pleitesía al excremento pero ser lo que dicen feliz, feliz, ¿quién carajo puede ser feliz con sentidos en este mundo?, ¿se puede?, pienso que sólo un inconsciente, un insensible, puede ser verdaderamente feliz, un perro puede ser feliz, o podemos ser felices de a ratitos, cuando experimentamos esos pequeños polvos personales, pero el orgasmo dura demasiado poco, ¿no?, me puedo sentir bien, tengo acceso a ciertas alegrías, demasiadas alegrías digo por empatía, y no sé, no sé, no sé…
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